
En el último tiempo he tenido la oportunidad de desarrollar
formaciones relacionadas con el emprendimiento y el desarrollo de ideas de
negocio. En lo particular es un tema que me apasiona y trato de desarrollarlo
con la mayor responsabilidad, pero, en especial al conocer el contexto, trato
de adaptar los contenidos a las realidades de los estudiantes.
Conocer la realidad de una madre de 72 años con un hijo en
condición de discapacidad —a quien no puede dejar solo para salir de su casa—,
o la realidad de varias madres cabeza de hogar que tienen la responsabilidad
del cuidado de sus hijos (algunos también en condición de discapacidad), me
muestra lo que limita la posibilidad de salir a conseguir el sustento y lo aún
más imposible que resulta encontrar algún tipo de empleo formal.
Esto me llevó a reflexionar en lo valientes y creativas que
son estas mujeres al tomar la decisión de emprender, y aún más en lo
resilientes que demuestran ser al seguir batallando con sus ideas de negocio para
consolidadas y así generar ingresos para sacar a sus familias adelante.
Contrastaba esto con toda la teoría existente en la
actualidad, la cual nos plantea la necesidad de ser cada día más innovadores y
creativos al momento de desarrollar una idea de negocio, aplicando nuevas
tecnologías, networking y transformación de mercados. Estas mujeres sí saben de
innovación y de aprovechar las oportunidades del mercado; lo que falta es un
pequeño impulso en el desarrollo de sus ideas, que vaya desde la asesoría
cercana y la formación, hasta el apoyo con capital semilla. De seguro, el poco
apoyo que se les pueda brindar hará mucho y tendrá un gran impacto en el
desarrollo económico local.
Mientras sigamos viendo solo los resultados
macroempresariales y no desarrollemos la economía popular, la cual es la base
para la superación de la pobreza en un país, será difícil generar un desarrollo
integral para todos.
Ronald Torres
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